lunes, julio 06, 2009

El domingo 5 de julio, este aprendiz de reportero cubrió el proceso electoral del distrito VIII, con cabecera en Ciudad Serdán. Nunca antes había asistido a una sesión de ningún Consejo distrital del IFE. Por un lado, califico la dinámica ahí dentro como somnífera en alto grado. No obstante, esta actitud somnífera, esa apatía e irresponsabilidad son claros ejemplos de nuestras instituciones "ciudadanas".
Presidentes consejeros que llegan 40 minutos después de la hora de reinicio de sesión sin siquiera ofrecer disculpas. Representantes del PAN que se ausentan cada minuto. Representantes de partidos grandes y pequeños que no participan, que escuchan -sin inmutarse ni cuestionar- como en la casilla fulana alguien votó sin estar incluido en la lista nominal porque el funcionario no se tomó la molestia de hacer bien su trabajo. Apatía, apatía y más apatía.

Postal de Ciudad Serdán

Pero dejando a un lado a los "ciudadanos" que se encargan de nuestras elecciones, quisiera contar un suceso que demuestra la cultura política mexicana.

Cerca de las 8:45 PM, el candidato priísta de ese distrito, Fernando Morales Martínez, hijo del ex-gobernador Melquiades Morales Flores, llegó finalmente al encuentro con la prensa que había convocado en su casa de campaña. Previamente, el coordinador de la campaña, Cuauhtémoc Betanzos, nos había recibido a mí y la compañera reportera de Milenio Puebla. Ambos nos presentamos y nos condujo a la sala donde otro elemento del equipo tomó nuestros datos.

Como buen reportero, había estudiado sobre el distrito y leído sobre Morales Martínez, quien pintaba para ser protagonista del día, de una u otra manera. Ya en los meses anteriores había dado mucho de que hablar por la manera en que alcanzó la candidatura por encima de Efraín García Bello, líder nacional de los productores de maíz. También había leído que Fermín García de La Jornada de Oriente, utilizaba el término junior de manera peyorativa al referirse a él.

Cuando arribó el candidato pude comprobar que tenía las maneras y el aspecto de un junior. Pantalón de mezclilla, camisa blanca sin fajar, pulserita tejida. Actitud relajada. Cuerpo recargado en el respaldo de la silla con las piernas echadas hacia adelante; posición cool. Y un suplente que más que eso parecía parte de su séquito de la universidad; el eterno lambiscón que está a un paso de convertirse en su mayordomo. Durante todo el díalogo con la prensa, el suplente jamás abrió la boca y se limitaba a ver a los asistentes con ojos cansados y un poco enrojecidos.

El susodicho junior

A eso de las 9:10 yo ya tenía las declaraciones que necesitaba y, aunque el priísta seguía luciéndose gracias a las preguntas atinadas de un reportero que probablemente era de su mismo equipo, yo tomé mi grabadora y me dirigí a la salida.

A unos pasos de la puerta del salón, Cuauhtémoc Betanzos me detine.
-¿Ya te vas?
-Sí, tengo que mandar mi nota antes de las 10. Ya no me puedo quedar.
-Muchas gracias por venir. Toma...
Mientras me sostenía un hombro con la mano derecha, la izquierda discretamente me mostraba un billete. Yo alcancé a bajar la vista unos segundos, tiempo suficiente para ver que se trataba de al menos un billete de mil pesos.
-No gracias.

Y salí de ahí rápidamente con una mezcla de sentimientos. Por un lado, estaba ofendido pero también asustado. En mi inexperiencia, no sé qué tan prudente es rechazar tan directamente un chayote, así, sólo diciendo gracias y salir huyendo del lugar.

Ya en la calle, un tipo de playera roja me detiene y dice: "¿Se va? Es que me dijeron que tenía que preparar los elotes para todos?" Si unos esquites fueron un último intento de soborno, sigo sin saberlo. Sin duda, la intervención de este último sujeto fue bastante extraña. Caminé los últimos metros que separaban la casa de los Morales del hotel donde me prestaban la conexión de internet y empecé a reflexionar.

Más allá de lo poco ético de ofrecerle dinero a un reportero, Betanzos no pudo haber sido menos "práctico", por llamarlo de alguna manera.

- En primer lugar, ¿para qué ofrecer chayote cuando la elección ha terminado y tu jefe está a unos días de que lo declaren oficialmente diputado federal? Con cerca del 50 por ciento de los votos a su favor (cifras de las encuestas de salida), es el virtual ganador. Otra cosa sería si el soborno viniera durante la campaña pues la intención sería claramente que se escribiera bien sobre el candidato.

-Yo era un enviado que sólo estuve unas horas en el distrito. A menos que algo extraordinario ocurra en Ciudad Serdán, no pretendo regresar en mucho tiempo, así que mi acción periodística sobre esa región es nula. Otra cosa sería si fuera un corresponsal con plaza en la región y que fuera a cubrir constantemente los proyectos impulsados por el virtual diputado.

-Mi fuente no es política. Es cultura y medio ambiente. Tampoco soy columnista de la primera. Por tanto, ni con todo el dinero estaría en posición de escribir bien sobre Fernando Morales.

Por eso, repito, más allá de que mi ética personal y profesional me dictan que el aceptar chayote no está bien, al coordinador de campaña le deberían enseñar a administrar mejor sus sobornos. Y si la idea era que celebrara con ellos la victoria electoral, con un refresco y una hamburguesa hubiera bastado.

O posiblemente como me sugirieron hoy mis compañeros en el periódico, lo que quería "Cuau" era que me lanzara por las chelas y yo en mi ingenuidad no entendí...

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